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Ex-compañeros de Facultad la reconocen

20 diciembre 2008

Emilio Reza y Leopoldo Ayala reconocieron en fotos publicadas por EL UNIVERSAL a Ana María Teuscher Kruger, estudiante de Filosofía y Letras de la UNAM


Liliana Alcántara

Emilio Reza y Leopoldo Ayala observan con resignación la fotografía: “¡Sí es ella… es ella! Ve nada más la crudeza y la saña con que le dispararon y la golpearon con bayoneta. No es posible”.
La mujer con traje a cuadros que yace ensangrentada sobre una plancha y cuya imagen publicó el pasado lunes este diario es Ana María Teuscher Kruger, una estudiante que recién había ingresado a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y que aquel 2 de octubre fue testigo y víctima de la matanza en Tlatelolco.
La joven de 19 años no sólo es recordada ahora por la fotografía inédita sino porque su nombre permanece inscrito en la estela que en conmemoración de esa fecha se edificó en la Plaza de las Tres Culturas.
Emilio Reza, quien recuerda a Ana María como una fiel participante en todas las marchas y mítines que organizó el Consejo Nacional de Huelga, rememora ahora la historia que envolvió a la familia Teuscher después de ese 2 de octubre.
“El padre de Ana María tuvo que abandonar el país hace como ocho años porque anduvo de un lado a otro exigiendo justicia por el asesinato de su hija, pero eran frecuentes las llamadas telefónicas donde lo amenazaban de muerte. Fueron muchas las presiones y salió del país, creo que se fue hacia Estados Unidos”.
Asegura que en los días, semanas, meses y años que sucedieron a la matanza de Tlatelolco era común escuchar las denuncias de los familiares de las víctimas: “Además de nuestra pena, todavía nos amenazan de muerte”.
Muchos, dice, cesaron en la búsqueda de justicia, otros, organizados o no continúan en ella.
Asegura que la presencia de Ana María en los actos de protesta era muy notable. “Siempre andaba muy bien vestida, hablaba dos idiomas, era muy preparada y eso la distinguía mucho de las demás mujeres.
“Ella también fue edecán del Comité Olímpico Mexicano y pues siempre su presencia era muy pulcra. Mientras todos los demás andábamos en fachas y todos sudorosos porque también teníamos que trabajar, ella, por el contrario, siempre vistió bien, además de que el color de sus ojos tan claros llamaban mucho la atención.”

Leopoldo Ayala no recuerda la última ocasión en la que pudo hablar con Ana María pero asegura que siempre la admiró. “No sólo porque estaba muy comprometida con esa lucha sino porque además, era mujer y eso, en esa época era de admirarse”.

-Publicado por El Universal el miércoles 13 de febrero de 2002

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